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El gran impacto de la inteligencia artificial: realidades, retos y riesgos

julio 23, 2018 2:40 pm

La inteligencia artificial y la humanidad son ya inseparables. Tenemos inteligencia artificial en nuestros móviles y ordenadores, pero también en nuestras ciudades, edificios, empresas… Los sistemas autónomos como los robots se mueven en entornos reales, en las cadenas de producción e, incluso, en los hospitales, donde asisten a los médicos en las operaciones quirúrgicas.

La inteligencia artificial, o IA, es una disciplina de la informática y la ingeniería cuyo objetivo es la creación de sistemas inteligentes –capaces de aprender y adaptarse– tomando como referencia la inteligencia humana.
Durante la sesión «El gran impacto de la inteligencia artificial: realidades, retos y riesgos» del Programa de Continuidad de ESADE Alumni, Núria Agell proporcionó una visión de la realidad existente y de los retos que la inteligencia artificial tiene planteados tanto desde el punto de vista de sus futuras aplicaciones como de sus implicaciones sociales y humanas. Agell es directora del Departamento de Operaciones, Innovación y Data Sciences de ESADE, especialista en las áreas del aprendizaje automático, el razonamiento difuso, la decisión multicriterio y los modelos de consenso.
La profesora se basó en las teorías de Marvin Minsky (considerado uno de los padres de la inteligencia artificial) para definir la inteligencia artificial como una rama de la ciencia computacional que hace que las máquinas hagan cosas que requieren inteligencia si las hace un humano. Tiene determinados objetivos, como la recomendación, la interacción y la adaptabilidad, la capacidad de tomar decisiones o la resolución de problemas. «El objetivo principal de la inteligencia artificial es realizar tareas no rutinarias, tareas que un humano no puede mecanizar», especifica.

Evolución de la IA

Si se realiza un cronograma sobre la evolución de la inteligencia artificial, sus inicios se remontan a 1943, cuando Alan Turing consiguió –gracias a un sistema de criptografía– descodificar mensajes de los alemanes, lo cual precipitó el final de la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí, la inteligencia de las máquinas ha evolucionado de manera exponencial. En 1997, se creó la primera máquina que ganó al campeón mundial de ajedrez Garri Kaspárov; en 2002, se crearon los primeros robots de servicio, como el Roomba; finalmente, en 2017, podemos encontrar robots sin supervisión y autodidactas, como el AlphaGo Zero, capaz de generar estrategias de ajedrez tan solo mirando los errores que él mismo comete.
Pero es ahora cuando se está viviendo una época de eclosión, como demuestran algunos datos, como que desde 2013 han aumentado un 4,5 % los trabajos que requieren conocimientos de robótica o inteligencia artificial. Las inversiones en startups basadas en la inteligencia artificial han crecido también exponencialmente, de 589 millones de dólares en 2012 a más de 5.000 millones de dólares en 2016, según la firma CB Insights.
Y es que con la aparición del Big Data y la gran capacidad de almacenamiento de datos las máquinas son capaces de realizar tareas cada vez más complejas. La ingente cantidad de datos disponible en la actualidad permite crear nuevas técnicas o ampliar las conexiones de redes neuronales artificiales. Por lo tanto, la importancia de estas máquinas cada vez es mayor.

Retos y riesgos

Sin embargo, aún quedan algunos retos pendientes para que las máquinas sean más eficientes. Uno de ellos es la inteligencia general: las máquinas deben ser capaces de generar un concepto general a partir de los conceptos específicos de que disponen. Otro de los grandes retos son las formas de razonamiento, ya que los robots no tienen la capacidad resolutiva que poseen los humanos en cuanto a alertas de peligros: su precisión no es eficiente en todas las situaciones. También se tendría que hallar una solución a problemas tales como la interactividad, la creatividad o la capacidad de empatizar con los humanos, así como la supervisión de sistemas automáticos, como el coche autónomo.
Apostar por la inteligencia artificial también significa asumir riesgos. Y en este sentido las principales áreas afectadas son el empleo, la privacidad, el sesgo en los sistemas colaborativos y los ataques cibernéticos. La creación o la supresión de puestos de trabajo a partir de la introducción de las máquinas es una preocupación constante. Sin embargo, la profesora Agell sostiene que se trata de un tema incierto. La poca regulación de los robots y su gran capacidad de almacenamiento de datos pueden llevar a invadir la privacidad de las personas, recopilando y proporcionando datos a empresas sobre las preferencias y necesidades de cada usuario. Ello puede ser un problema a largo plazo, ya que las empresas pueden emplear estos datos para que las máquinas recomienden productos más caros u otros intereses propios. Además, se debe tener en cuenta el problema de los ciberataques: con la aparición de las máquinas y del Big Data, los hackers tienen más posibilidades de acceder a nuestros datos.

 En este sentido, Agell es de la opinión de que la regulación y la ética son muy importantes para hacer un uso transparente y positivo de las máquinas.

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